¿Verdadero o falso?

Nunca en la historia de la humanidad se había vivido un momento en el que el bombardeo de información fuera del calibre, ni siquiera similar, al que estamos sometidos diariamente.

También sucede que, nunca jamás, toda esta información había pasado por tan pocos filtros o controles. Nos enteramos antes de aquello a lo que damos la categoría de noticia por un “reel” de Instagram o un “short” de YouTube, que por otro tipo de publicaciones (más o menos contrastadas) que pudieran darnos una visión más certera de la realidad.

Los intereses subyacentes

Muchos de los planteamientos ideológicos que nos impactan hoy en día no son más que campañas de marketing de las que somos objetivo. No en pocas ocasiones, estas campañas están financiadas por organizaciones que persiguen fines que permanecen, en cierta manera, ocultos. Los grupos de presión, lobbies o stakeholders encuentran en lo público una vía que posibilita la aceleración de la toma de decisiones sobre aquellos asuntos que les van a permitir alcanzar sus intereses, ya estén estos fundamentados en el interés común o, simplemente, persigan una alteración del “statu quo” en beneficio de unos pocos.

Por eso, debemos ser críticos con la información que nos impacta a diario y tratar de ver el interés que subyace en cada noticia, por muy convincente que parezca. Sobre todo, porque, en el escenario actual, en el que transitamos del pasotismo político de finales del siglo pasado a una sociedad politizada y polarizada, cada vez se demanda una mayor intervención de lo público en nuestras vidas, con la consiguiente merma de los ámbitos de libertad. Por todo ello, hay mucho en juego.

El chuletón… al punto.

Una de las noticias que más llamó mi atención en los últimos tiempos, fue la relativa a cómo afecta el consumo de carne al cambio climático.

Pues bien, lo que en principio me parecía una manifestación que se iba a quedar en ser objeto de innumerables memes, parece ser que tiene su fundamento científico. Y es que la forma industrial de producción de la carne tiene un elevado coste ambiental.

La ganadería libera a la atmosfera en un año 100 millones de toneladas de metano, lo cual tiene el mismo efecto que 2.500 millones de toneladas de CO2. El tema es tan grave que, según Manfredi Caltagirone, jefe del Observatorio Internacional de Emisiones de Metano de la ONU, los países tienen 86 meses para para intentar mitigar el efecto invernadero que el gas metano está generando en nuestro planeta.

Por otro lado, según FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), las actividades agrícolas utilizan el 70% del agua dulce y son responsables del 30% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. La degradación de la tierra, la salinización, el exceso de extracción de agua y su contaminación debido a los fertilizantes, el estiércol y los plaguicidas hacen que los actuales métodos agrícolas y ganaderos estén acabando con la biodiversidad.

Entonces, ¿qué es lo que debemos hacer?

La compañía estadounidense Eat Just hizo la primera venta de carne de pollo cultivada en laboratorio. La autorización para comercializar este producto (en el que no se produce el sacrificio de ningún animal) procedió de Singapur. El segundo país en aprobar la comercialización de esta carne fabricada en biorreactores a partir de células del animal fue Israel, y el tercero, Estados Unidos.

Tú qué opinas… ¿es verdadero o falso? ¿te atreverías a probar este tipo de alimentos? ¿es todo tan grave que tenemos que llegar a este extremo?

Cambiar para que todo siga como está…

Llevamos años recibiendo el impacto de un mensaje claro: la humanidad tiene que llevar un estilo de vida sostenible. Y no hablamos sólo de reducir al máximo nuestra dependencia de los combustibles fósiles. El cambio debe ser global, a todos los niveles, en todos los países.

Si bien no podremos cambiar todos nuestros hábitos de un día para otro, sí podemos contribuir a hacer el mundo más sostenible con muchos simples gestos. Por pequeño que sea nuestro esfuerzo, todo cuenta. Eso sí, no tenemos “plan(eta) B», así que..

si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie (Giuseppe Tomasi Di Lampedusa).

Es por ello que creemos que proponer una aplicación práctica a una innovación tecnológica que permite sustituir antiguos métodos de trabajo por otros más acordes con la estrategia de acción climática nos permite ser partícipes de uno de los muchos cambios que debe dar el mundo hacia la sostenibilidad.

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